ÁNGELES ORIA La insatisfacción te mueve a hacer cosas nuevas (II)

ÁNGELES ORIA La insatisfacción te mueve a hacer cosas nuevas (II)

por Daniel López García         

 

 

  Regresamos esta semana con la segunda parte del encuentro que tuvimos en Sevilla con la pintora Ángeles Oria (Lepe, 1973). Si en la primera parte de la entrevista la artista nos relató sus inicios, el fundamental apoyo familiar, los primeros años en Sevilla y su traslado a Barcelona; en esta segunda entrega, Ángeles se adentra en el complejo y a veces complicado mundo del arte. Gracias a las palabras de la pintora, accedemos a los sinsabores que conlleva dedicar una vida al oficio artístico, las contradicciones del mercado y la importancia que supone creer en el trabajo para salir adelante.

            A partir de sus palabras, la artista esboza su propio autorretrato marcado por el cariño a los suyos y a su obra, y la honestidad como pieza fundamental para erigir una obra que a día de hoy permanece en continua expansión.

 Ángeles Oria

Ángeles, en Barcelona vives durante casi diez años,  ¿consigues introducir allí tu obra en el circuito más comercial?

No. Y no pude porque es muy complejo y muy complicado. Sí expuse en galerías en varias exposiciones colectivas, incluso en una de ellas realicé una exposición individual. Todas las galerías a las que fui siempre me dijeron lo mismo, que sí les gustaba mi obra, pero que era muy joven. Meterte en el circuito más comercial era muy complicado y ese era uno de los mayores obstáculos para comercializar tu obra. Además, yo no iba de la mano de nadie, y aquello era una selva, sin ayuda no era posible. Yo valoro mucho mi trabajo, pero venderlo me resulta más complicado. Tuve mucha relación con el galerista Antonio Barnola, que murió hace unos meses, y él tenía mucha relación con Enrique Santana, que es otro pintor de Lepe que entonces estaba en Chicago y tuve relación con él. A Barnola le gustó mucho mi trabajo, pero a la hora de meterme en su galería me decía igualmente lo mismo, que no tenía experiencia ni currículum. El circuito estaba muy cerrado. De hecho, yo ya desde entonces, desde Barcelona, estaba trabajando con Caja China, con Pepe Barragán. Él desde aquí sí me envió a Barcelona coleccionistas que me compraron obras, me vendía cuadros aquí, y con él sí tuve una relación comercial. 

 

¿Cuál es el momento que destacarías como el más gratificante de tu carrera?

Pues los inicios fueron muy gratificantes. Al quedar tercer mejor expediente de mi promoción, me dieron la beca del Paular de Segovia, y allí estuve durante un mes con compañeros de diferentes facultades de España. En esos momentos, con cada exposición que hacía me hartaba de vender. En el Paular, por ejemplo, vendí muchísimo, y también en la galería Pasajes de Ayamonte donde hice otra exposición y vendí casi toda la obra. Fueron inicios en los que sí se compensaba el trabajo con las ventas. Después en Caja China también gustó mi trabajo, como te dije antes, y también me vendieron bastante. Durante mi estancia en el Paular fue donde conocí a los dos becados de la Universidad de Barcelona y fue donde decidí que haría el doctorado en esa ciudad. En aquella época vivía de mi pintura. Una vez en Barcelona, comencé a buscar trabajo como profesora de arte y conseguí que me dieran empleo en varias academias, y fue todo muy bien porque pintaba, vendía y daba clases, y a mí la didáctica me encanta.

 

¿Qué te aporta esa dimensión didáctica de la pintura?

Me encanta dar clases. Lo bueno que tiene dar clases es que aterrizas bastante porque la pintura es muy absorbente.  Yo me puedo llevar horas y horas pintando, sin darme cuenta de que el tiempo pasa. Cuando tengo clases, si son de cuatro a ocho, sé que ese es el tiempo del que dispongo, pero la pintura es muy absorbente, con ella llego a perder la noción del tiempo. Cuando empecé a dar clases en Barcelona, me vino muy bien porque mi vida de entonces era muy monástica, iba de la biblioteca con la tesis al estudio a pintar ¡Cosa que a mí me encantaba! Pero llegaba al punto de perder un poco el pie con lo que me rodeaba por ensimismamiento. En ese sentido, las clases me vinieron muy bien. Las clases son un cauce para enseñar lo que sabes, te permiten actualizarlo, te relacionas con diferentes grupos de diferentes edades; desde el punto de vista económico, está muy bien porque te permiten recursos constantes. Para mí las clases, junto con la pintura, han sido mi sustento.Ángeles Oria

 


Y tras casi diez años en Barcelona, decides volver. ¿Qué motivo tu regreso?
La vuelta fue porque no me veía ya en Barcelona. Como dices, estuve casi diez años, tenía ya un niño de dos y ya no veía que mi vida encajara allí. En el trabajo estaba bien, estaba trabajando para Artístic Formació como responsable de pintura. Pero fue de estas decisiones que hay que tomar en la vida, y decidí volver porque no me veía. Además, necesitaba descansar, habían sido unos años de mucho trabajo y de mucha intensidad, tenía un niño pequeño y quería que creciera junto a sus primos, porque para mí la familia es importante. En ese momento, necesitaba de mi familia.

 

Regresas y te instalas en Lepe, ¿tras esa década en Barcelona cómo vives el cambio?

La preguntita tiene miga [Se ríe.] Yo soy como los camaleones, me adapto muy bien. En Barcelona, yo vivía en el centro, muy cerca de Plaza Cataluña, y estaba hecha una urbanita, todo el día de arriba abajo. Cuando llego a Lepe, me voy a vivir a Pinares de Lepe. ¿Por qué vivo allí? Porque en un pueblo como Lepe me cuesta mucho trabajo vivir, porque allí vives con los vecinos, y a mí me gusta tener libertad de acción, libertad para moverme. En un pueblo de esas características me sentiría encorsetada, es un movimiento que no va conmigo ni con mi obra. Todas las actividades culturales que se realizan en un pueblo como Lepe son alrededor del flamenco, el folklore y la semana santa. Y yo no estoy en contra de eso, pero mi vida no es eso. Por eso me retiré a Pinares de Lepe, y desde allí me muevo a Bilbao a Málaga según las exposiciones o los asuntos de interés que vaya viendo. Es mi cuartel general y desde allí me voy moviendo. En Barcelona me estaba costando mucho trabajo sobrellevar el ritmo de la ciudad, la familia, se me hizo muy difícil. En Lepe estoy a gusto, aunque me falte mucho y me cueste mucho trabajo mover la pintura. Todo se te hace muy complicado.

 

¿Y la temática de tu pintura vuelve a cambiar al llegar a Huelva?

Ángeles OriaClaro. Es que a mí pintura le afecta sobre todo el paisaje. Me encanta el paisaje y soy muy observadora, entonces me afecta hasta el punto de que desde hace un año estoy llamando a mi obra Pinturas de tránsito o Paisajes de tránsito, porque estoy metiendo elementos naturales que se identifican en mi pintura como paisajes pero que ya tienen el color propio de aquí. Me afectan el color y la luz del sitio donde estoy viviendo, también quizá el tema porque empiezo a buscar nuevas cosas a través del paisaje. Pero ahora mismo estoy en periodo de tránsito y no estoy muy contenta con lo que estoy haciendo, pero eso es parte del proceso de trabajo. La insatisfacción de que no te guste lo que haces es lo que te mueve a hacer cosas nuevas.

 

¿Cuáles son entonces los retos a los que te enfrentas como pintora?

Mi reto más inminente es buscar una galería que me mueva el trabajo. Ahora voy a Madrid porque he estado hablando con Enrique Santana -él ha dejado todo en Chicago, entrecomillas se ha jubilado, y se vino a Madrid, donde tiene un estudio taller-, y quiero patearme las galerías de Madrid, ver si puedo entrar en alguna o alguna colectiva, aunque esté un poco cansada de la dinámica de las colectivas.

 

¿A qué te refieres cuando dices que estás cansada de exposiciones colectivas?

Yo tengo mucha obra y para mí no es ningún problema participar en una exposición colectiva, pero es mucho esfuerzo y mucho trabajo para lo poco que se consigue con ellas. Como artista, para cada uno de los proyectos que me proponen, me gusta llevar obra nueva, y es mucho trabajo y esfuerzo para los resultados que tiene luego. Ahora mismo mi situación es como si no cobrara después de trabajar todo el mes. Así que mi objetivo ahora, más que disgregarme en proyectos colectivos, es buscar una galería; y lo estoy haciendo entre Madrid y Lisboa, donde también he trabajado con otra galería y ha podido vender cuadros.

 Ángeles Oria

Según tu punto de vista, ¿cuáles son los problemas que tiene el coleccionismo hoy en día?

El mundo del arte es muy complicado. Si coges unos datos, se podría decir que es un momento ideal para el arte porque se está vendiendo mucho. Pero eso son datos que se refieren a las ventas de Picasso o el Matisse que han tenido lugar en subastas.  Eso no es indicativo del mundo del arte ni de los artistas, y mucho menos de las personas comunes. Yo vendía mucha obra a gente media que tenía un sueldo normal y un trabajo normal. Esa clientela que existía antes, ahora ha desaparecido por completo porque su preocupación es sobrevivir. El arte se está convirtiendo un lujo y la gente tiene necesidades. En ese sentido, como no estés metido en los circuitos de galerías, no te mantienes. La dinámica de los nuevos espacios expositivos también es muy perversa, sobre todo en las ferias que están emergiendo, porque ahora el galerista cobra al artista para que exponga,  pero eso no lleva a nada. La galería puede que cubra sus gastos pero ese artista no tiene asegurada su clientela. Y por otro lado, las galerías que están más consagradas es muy complicado introducirse en ellas como artista. Las galerías son circuitos muy cerrados. Es muy complicado.