ÁNGELES ORIA Dibujo desde que me recuerdo (I)

ÁNGELES ORIA Dibujo desde que me recuerdo (I)

por Daniel López García

Ángeles Oria (Lepe, 1973) es pintora por vocación y profesión. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y doctora por la de Barcelona, su propuesta artística es una de las más interesantes de su generación. Su obra ha sido expuesta en diferentes puntos del país (Huelva, Sevilla, Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, etc.) tanto en exposiciones individuales como colectivas, así como en distintos puntos de Europa en países como Portugal, Holanda y Francia. Artista incansable, su obra se caracteriza por sus grandes formatos, el uso del color y la tendencia hacia el expresionismo abstracto. En ella, de alguna forma, ha establecido un diálogo con los lugares que Ángeles ha habitado, convirtiéndose su obra en su mejor autobiografía.

            Para Zunino Shop&Gallery es un placer y un honor inaugurar su galería con la obra de esta artista. Así que, con el objetivos de presentaros tanto a la artista como a su obra, tuvimos un encuentro con ella en una calurosa tarde de verano en Sevilla, en el que hablamos de sus inicios, de su obra, del sentido de su pintura, de los retos a los que se ha enfrentado y los obstáculos que todavía tiene que sortear el arte en la actualidad. Sin más preámbulo, os dejamos con la primera parte de aquel encuentro y os damos la bienvenida a la obra de Ángeles Oria.

 Ángeles Oria

Ángeles, ¿cómo y cuándo te nace el impulso por pintar?

Pues es una pregunta curiosa. Normalmente, cuando tienes una exposición, para presentarla hay que hacer unos escritos, y en muchos de ellos he escrito que dibujo, más que pinto, desde que me recuerdo. Desde muy pequeña, me recuerdo con mi blog de dibujo y con mi lápiz de grafito negro y mi caja de lápices. Yo vivía a las afueras de Lepe, rodeada de entorno natural, y recuerdo que me iba con una sillita de playa -como me estás escuchando- pequeña a pintar todo lo que veía. No tengo ningún antecedente de nada ni nadie. Mi padre es marinero, provengo de una familia muy humilde, mi madre es ama de casa, mi hermana estudió empresariales, mi hermano de otro sector. Es decir, que yo me dedicará a la pintura es algo que a día de hoy no me explico, y a mí eso me parece maravilloso. Hoy en día, doy clases de pintura a niños y niñas muy pequeñitos, y a veces vienen con unas inquietudes y unas ganas de pintar en las que me veo a mí misma reflejada. Eso me resulta muy curioso y feliz a la vez.

 

Finalmente, estudias Bellas Artes en Sevilla. ¿Cómo fueron esos inicios en la pintura ya de una forma más consciente?

Pues venir a estudiar Bellas Artes a Sevilla fue posible gracias al apoyo incondicional, más que de mi madre, de mi padre. Mi padre es una persona muy bondadosa y él veía todo lo que yo disfrutaba con la pintura, que todo mi tiempo libre se lo dedicaba al dibujo y la pintura, y él mismo me preguntaba si existía la posibilidad de que estudiara algo que fuera exclusivamente artístico. Sin saber nada, me preguntaba si existía la carrera de arte. Yo nunca me había planteado estudiar una carrera como bellas artes, y además en el instituto hice ciencias puras, porque me encantaba la arquitectura. Cuando llegó la hora, y mi madre sabiendo que el mundo de las artes era muy complicado, me animó a que estudiara arquitectura y que siguiera con la pintura más adelante. Pero fue mi padre el que puso realmente interés en que yo estudiara algo relacionado con las artes porque me veía muy feliz pintando, él creía que mi vida debía pasar por ahí. Mi familia, en general, me ha respetado y me ha apoyado muchísimo, he tenido una suerte enorme de tener un entorno familiar muy positivo, y me animaron finalmente a que estudiara aquí en Sevilla Bellas Artes.

 

¿Y es en Sevilla donde comienzas a generar una obra expositiva propia?

Generar una obra propia es muy complicado. Además, la facultad de Bellas Artes de Sevilla es conocida por ser muy clásica, y yo no tenía ningún estilo, simplemente dibujaba y pintaba lo que veía. Durante mi etapa escolar y en el instituto fui a los talleres municipales de pintura para adultos, porque no había para niños. Allí pintaba lo que me mandaban, no tenía estilo propio. Una vez llegué a la facultad, los tres primeros cursos eran comunes entre las disciplinas plásticas e ibas aprendiendo de todo a la par que tus compañeros. Pero en tercero hubo una asignatura, creo que se llamaba procedimientos pictóricos, y ahí ya hice lo que me dio la gana y me sentí totalmente libre para hacer lo que yo quisiera en la facultad. Es algo de lo que me alegro, porque aparte de que me fuera muy bien, a partir de tercero con procedimientos pictóricos, que es una asignatura específicamente de pintura, ya sí hice lo que me dio la gana. Ahí es cuando derive un poco hacia la abstracción, combine la figuración y la abstracción, iba probando. De hecho, en cuarto curso no acabé ningún cuadro, y ahí es donde yo comencé a buscarme y a buscar lo que yo quería hacer.

 

Ángeles OriaDe lo que he podido de leer de tu obra en otros sitios se te relaciona con la abstracción, se destaca el uso del color, se habla también de paisajismo e incluso de surrealismo. ¿Cómo definirías tú misma tu obra?

A mí me cuesta encasillarme, me cuesta mucho. Creo que cuando te sitúas frente a uno de mis cuadros, creo que no encuentras ningún elemento que claramente te sitúe frente a algo concreto. Creo que sí pueden sugerir muchas cosas, porque son manchas y composiciones de color, que parten de un lienzo o un papel en blanco, y a medida que voy poniendo el color, me van derivando hacia otra cosa. Eso sería en relación a mi trabajo pictórico, que es mi obra más vasta. Después, también voy haciendo pequeños proyectos que me interesen a partir de cosas que leo, como una reflexión de los textos que caen en mis manos, pero esa ya es una obra más gráfica. La pintura para mí es muy intuitiva, es un trabajo muy de instintos. Si la tuviera que encasillar, lo haría en los años 50 y 60, en el expresionismo abstracto, porque es un trabajo muy expresivo por el color y la pincelada. Pero no pinto por pintar, a medida que voy pintando voy reflexionando y voy pensando, me paro y me alejo, dejo los cuadros descansar. En mi obra pictórica me encantan los formatos muy grandes, de hecho no pinto formatos mayores porque es imposible, pero si pudiera me liaba con las paredes de mi casa.

 

De Sevilla pasas a Barcelona tras terminar tus estudios, ¿cómo te afectó ese cambio?

Pues el cambio fue como la noche y el día porque en Sevilla, por ejemplo, los espacios eran abiertos, tú estabas pintando junto a tus compañeros, y en Barcelona se pintaba de forma muy individualista, con paneles que dividían el espacio. Cada uno contaba con unos dos metros cuadrados panelados donde podías tener tu radio, tu tetera y te montabas allí tu mundo. En esos espacios tú pintabas y hacías lo que tú querías, el profesor era el que iba paseando por cada espacio. Todo era muy conceptual. Si tú le argumentabas al profesor tu trabajo y lo convencías, a pesar de cual fuera el resultado, ese trabajo era válido. Para mí eso supuso un choque, porque en Sevilla sueles tener al profesor encima valorándote y controlando la asistencia a clase, y allí en ese sentido era otro mundo. Por otro lado, en Barcelona había una carencia muy grande de instrumento y de técnica, y la técnica para mí es un recurso a la hora de trabajar. Como yo provenía de Sevilla, en Barcelona todo el mundo me preguntaba cómo se podían hacer las cosas, y yo iba continuamente de uno a otro. En ese sentido, creo que esa base en Sevilla está muy bien, otra cosa es el concepto de la obra, con lo que tú vayas a trabajar.

 

Ángeles Oria¿Y qué supuso ese cambio en tu pintura?

Pues no hubo un giro o un cambio radical. A mí lo que me afectó fue el lugar donde vivía, una ciudad como Barcelona, con el mar y con otra dinámica. En ese momento, mi obra giró hacia la ciudad, hacia el tema y la dinámica de lo urbano. A esa época pertenece una serie que se llama Retratos del metro basada en los rostros de la gente que por allí pasaba, y que a mí me impactaban por lo diferente, por la actitud que mostraban. El movimiento de la ciudad me llamó mucho la atención y mi pintura de esa época se convirtió en muy urbanita. Se identifican los rojos y los naranjas como las luces y el color de la noche, por ejemplo. Eso sí me afecto, pero por la facultad creo que pasé sin pena ni gloria, es más tuve muy mala experiencia docente.

 

¿A qué te refieres con mala experiencia docente?

En Barcelona los profesores son muy artistas. En Sevilla, todo lo contrario, te enterabas que un profesor era artista cuando te invitaba a alguna exposición. En la facultad de Barcelona el profesor se veía a sí mismo como el artista y a nosotros nos veían como alumnos. En ese sentido, había cierta sobredimensión del ego y no me gustó nada el trato con los profesores. Luego, si no eras muy amigos de ellos, tampoco te tenían muy en cuenta.

 Continuación

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