IRENE MALA, “Mi objetivo es… Rogier van der Weyden”

IRENE MALA, “Mi objetivo es… Rogier van der Weyden”

por Daniel López García  

 

            Irene Mala (Sevilla, 1978) pertenece a una generación de mujeres artistas que se formaron y comenzaron a proyectar su obra casi a la vez desde la ciudad de Sevilla, una obra que han acabado por dispersar en el tiempo por otros muchos espacios. A ellas, además del vínculo natural ofrecido por el contexto de esta ciudad, las une una dimensión estética y creativa basada en la paradoja de los contenidos expresados; la distancia desde la que se expresan, a veces con ironía, otras con sarcasmo, o incluso desde lo grotesco; y la depuración y el elevado grado de esteticismo presente tanto en los recursos empleados como en las propuestas desarrolladas.

            Hagan conmigo el siguiente ejercicio. Piensen en la obra -ya sólida, no estamos hablando de emergentes- de artistas como María José Gallardo, Eva del Fraile, Crista Martos Vela, María Cañas o la propia Irene Mala, y superen el prejuicio de la forma de su obra, traten de evocar las emociones que sienten al disfrutarla y las correspondencias que con ellas establecen. Ese hilo narrativo que las une, y del que les hablo, es lo que yo obtengo.

            Algún día, estoy seguro, alguien hablará de esto. Hoy Irene Mala es la  nueva artista de Zunino Shop&Gallery.

           Irene Mala

Irene, ¿sabrías contarme como fueron tus inicios en la pintura?
Mis inicios en la pintura los recuerdo muy, pero que muy bien. No sé si lo pedí yo o me lo regalaron los reyes magos, y fue un maletín de oleos. Empecé a practicar con mis oleos, mi paleta y mis cartones, y comencé creando mis primeras cositas. Uno de los dibujos, que en realidad era una prueba para ver qué tal iba la pintura, cómo funcionaba y demás, era la cara de una mujer. Recuerdo que lo dejé secando en mi habitación. Al poco, volví a mi habitación, y mi hermano Pablo me había dejado una nota, que aún la tengo guardada, en la que decía “no lo dejes, sigue practicando”… porque era horrible [Risas.] Y me hizo mucha gracia, porque tengo guardado el boceto de la pintura con su notita. Y esa anécdota es el primer recuerdo que tengo de cuando empecé a pintar.

 ¿Y cuál es la pieza con la que tomaste conciencia de que lo que pintabas podía convertirse en un objeto de deseo para otros hasta el punto de querer comprarlo?
Sí, creo que tú lo recordaras, era un cuadro que representaba a una chica que le echaba un brazo a un gato. El cuadro creo que se llamaba Una tímida infidelidad, y de hecho luego realicé alguna variación del mismo tema. Aquella pintura original era un temple, y creo que fue uno de los primeros cuadros, quizás el primero, con el que realmente me sentí satisfecha, que me pareció que había logrado lo que quería. De hecho, se lo vendí a unos turistas, creo recordar que eran de París y que los conocí en la Plaza del Museo, cuando al principio me iba allí los domingos a exponer e intentar vender mi obra. Es más, aquel día, y en parte por culpa de ese cuadro, acabo siendo muy bueno porque, al final, esta pareja de turistas acabó viniéndose a mi casa y se llevaron otras obras más. Vamos, que hice una buena venta. Recuerdo que con ese cuadro y otros más realicé una exposición, que creo que fue mi primera exposición -algo dantesco, no se si te acordaras, porque no había por donde pillarla. En aquel entonces era lo primero que hacía y todavía no tenía en la cabeza  una unidad temática a la hora de exponer. Fue en La Casa de las Columnas, en Triana, y había de todo un poco… ¡Hasta una instalación! Pero ese cuadro era el cuadro que yo consideraba que estaba bien, al lado de otros que no había por donde cogerlos.

 Desde el inicio de tu carrera artística tu pintura ha estado muy relacionada con lo figurativo, ¿por qué te inclinas por este cauce?
Creo que se debe a que me es más fácil reconocerme y expresar el mensaje que quiero transmitir. Siempre me ha resultado más cómodo filtrar mis temas en lo figurativo.

 En relación a los temas de tu obra, en tu primera etapa está presente una temática relacionada con la soledad, el desamor, la fragilidad de los sentimientos. Además, se trata de pinturas en formato grande, frente a la idea a la que se te asocia a veces de ser una creadora que se mueve en pequeños formatos. ¿Cómo recuerdas esa época pictórica y qué importancia tienen en la obra los temas que te cito?
Sí, la verdad es que es una etapa en mi pintura bastante olvidada porque incluso compañeros artistas sólo me asocian al pequeño formato. Y siempre he pintado un poco según me pedía el cuerpo, y también como desahogo. La verdad es que los temas no los he buscado racionalmente, normalmente he empezado a pintar, y ha sido el propio ejercicio de la pintura me ha llevado a ellos. A veces, cuando he trabajado una serie, sí he sido más consciente de lo que estaba haciendo. Algo que sí me ha ayudado a caminar en una línea ha sido escoger los títulos de las series y los cuadros, después de haber tenido dos o tres opciones, y decidirme por una que he pensado que podía encajar mejor con las necesidades expresivas que tenía en ese momento. Pero, obviamente, una parte importante de esas necesidades tienen que ver con esos temas que me has citado, y también del desahogo en relación a ellos.

Irene Mala

 

Me dices que un título sirve para orientarte a la hora de crear una serie de cuadros. ¿Qué otros motivos pueden ser un catalizador para ti a la hora de crear?
Pues soy muy visceral. Según lo que estoy pasando, sufriendo o viviendo es sobre lo que creo. A no ser que piense algo que me haga gracia o me llame la atención, básicamente pinto sobre lo que siento en el momento emocional en el que esté metida.

 Como te decía antes pasaste del gran formato al pequeño. ¿Qué es lo que te llevó de uno a otro, y qué diferencias encuentras a la hora de crear?
Pues comodidad, espacio, mudanzas… Si nos ponemos a hablar de ser prácticos, el pequeño formato siempre es mucho más apetecible porque, además, se vende mejor, es más fácil de trasportar, de almacenar. Si tuviera un estudio grande en el que pudiera trabajar… estoy loca por ponerme a pintar gran formato, pero ahora mismo me es imposible.

 Como te decía te inicias en el gran formato, pero eres una pintora que se ha sabido mover bien en las pequeñas dimensiones, y se podría decir que te ha supuesto casi una ventaja creativa.
Sí, desde luego. También me permito ser más precisa, porque tiendo a ser, no inconstante, pero sí impaciente. Sí es verdad que con el paso de los años dedico más horas y esfuerzo a cada pieza, pero siempre tengo la necesidad de terminarla cuanto antes. Y cuando son más pequeñitas, las tengo más recogidas, tengo la impresión de que las controlo mejor, y me permito mimarla más.

 Te hablaba antes de una temática en tu pintura asociada al desamor desde un punto más nostálgico. Sin embargo, hay otra en la que hablas de los mismos temas con rabia…
Y mala leche.

 Exacto, es una pintura de la venganza. ¿En qué obras reconoces este impulso y a qué se debe este giro?
Pues tú lo has dicho, es una pintura de la venganza. Muchas veces ha sido incluso una respuesta más social que personal. Pero tienes toda la razón. Yo creo que mi obra es básicamente emocional y muy personal, y, de alguna forma, es una expresión de las emociones que yo misma he vivido en cada momento.

Irene Mala

Hemos hablado antes de pequeño formato, y esto unido a la presencia del dibujo en tu obra, ha hecho que se te asocie con el mundo de la ilustración. ¿Ha supuesto alguna ventaja este hecho?

Bueno, ligando esta pregunta con el pequeño formato, es cierto que llegó un momento en el que quise dirigir mi obra en un sentido. Es decir, me costaba trabajo diferenciar lo que era pintura e ilustración. Pero al decantarme más por la ilustración y el dibujo, sí comencé a trabajar el pequeño formato más y mejor. Siempre me ha gustado mucho dibujar, así que el trabajar el pequeño formato, y al relacionarlo con la ilustración, también me permite dibujar mucho más. El pincel siempre te permite dejar más abierta la obra, pero creo que hasta en ese sentido sí he ganado.

 En esto que me cuentas del pequeño formato y la ilustración, hay un momento en tu obra en el que hay un cambio muy importante que llega a  convertirse en un punto de inflexión…
¡Los santos!

 No. Bueno, ya sabes que a mí los santos me gustan [tengo uno de ellos en casa], pero creo que es un gusto demasiado personal y creo que poco compartido.
Pues hasta esos cuadros se vendieron [Risas.]

 Me refería a cuando en ese pequeño formato empiezas a trabajar el dibujo con la acuarela, y trabajas la acuarela de una forma muy interesante y novedosa, con una paleta cromática muy viva. ¿Qué supuso la introducción de esta técnica en tu obra?
Pues sí, ese fue uno, sin duda, cuando cree la serie Cosas que, de vez en cuando, gusta hacer acompañada. Luego, otro sucedió hace unos tres o cuatro años, que fue cuando marqué más aún el estilo. Sucedió cuando empecé a intentar definir más lo que es la línea de creación, que consistió en trabajar la ilustración de forma monográfica, definir la temática y escoger bien los materiales. Por ejemplo, hay una serie de ilustraciones y pinturas de esa época (“Chica mascando chicle”, “Hay una nube gris en mi cabeza”, “Menos mal que no estoy solo” o “So lonely”), de hace unos tres años, que marcan y definen muy bien los derroteros por los que quiero llevar mi obra. Ahí si hubo una intención expresa de querer tener una línea más reconocida, no tan dispersa. Ser disperso en el mundo de la creación no suele ser bueno, y yo no me definiría como dispersa en el uso del tiempo creativo, pero sí un poco en los cauces de expresión. Por ejemplo, tengo una serie de dibujos en blanco y negro que son más realistas, me encantan, pero me pareció más interesante trabajar en una línea creativa concreta.

Irene Mala

 

Y profesionalmente, ¿hay algún momento en tu carrera que destacaras especialmente por la repercusión de tu obra?
Bueno, siempre lo digo, cuando empecé a exponer, sobre todo aquí en Sevilla, lo vendía todo. Exposición que montaba, exposición de la que no me llevaba ni un cuadro a casa. Es cierto que eran obras más pequeñas y que tenían buenos precios, pero después vino la crisis esta de mierda y eso redujo bastante las ventas. Pero yo tuve unos inicios bastante buenos, en los que vivía bastante bien, aunque siempre haya sido una persona modesta, pero más holgadamente que ahora sí vivía. Es que montaba cualquier exposición, incluso en sitios alternativos tipo restaurantes o locales de arte y cultura, y lo vendía todo.

 Tus ultimas colecciones de pintura y dibujos se han podido ver acompañando libros o álbumes ilustrados como Diario de un despecho o La chistera del doctor Petrov poniendo imágenes a textos de Raquel Díaz Reguera. ¿Existe alguna diferencia cuando creas para ti que cuando creas por encargo?
Pues intento que no haya diferencias. Intento siempre que en mi trabajo quede grabada lo que es mi esencia porque quiero que se reconozca en todo lo que hago mi huella, para que se vea que soy yo y no cualquier otra persona. A veces lo consigo mejor, otras veces cuesta mucho esfuerzo, porque es cierto que no todos los encargos te motivan igual, y eso es difícil porque tú tienes que seguir dando lo mejor de ti sin que se note.

 Hace alrededor de un año en un reportaje sobre ilustración, Javier Díaz-Guardiola en el ABC Cultural te destacaba como una de los diez ilustradores destacados del panorama actual junto a artistas como Paula Bonet, Ricardo Cavolo o Gorka Olmo. El artículo llevaba por título “¿Por qué lo llaman ilustración cuando quieren decir arte?”. ¿Sois sensibles los artistas asociados a la ilustración de un tratamiento diferenciado en relación a otros compañeros asociados a la pintura?
Sí, desde luego, aunque ahora mismo se está viviendo un proceso de resurgimiento de la ilustración y del ilustrador como artista. Siempre se ha hablado de pintores y dibujantes, y se ha considerando al dibujante como de segunda categoría. Ahora la ilustración se ha puesto de moda, con toda la parte no tan positiva que ello conlleva, pero sí es cierto y positivo que hay una mayor apertura por la versatilidad que ofrece. Se está empleando en muchos ámbitos donde antes no era tan frecuente. Hoy día donde antes se contrataba a un diseñador es fácil ver a un ilustrador. Es evidente que hace unos años esto no era así y había una clara diferencia entre pintores y otras disciplinas menores. De hecho, en exposiciones y en ferias que ha habido este año se le ha dado mayor cabida a la ilustración donde antes estaba ausente.

 En ese artículo se te señalaba como una artista que sabía expresar bien el alma hipster. Y sí es cierto que un rasgo de tu pintura es la ironía y el sarcasmo, y que muchas veces tratas las modas con este tono.
Bueno, es estética. Hay estéticas que me llaman la atención y me gustan, y de alguna forma son muy aprovechables para contar cosas. Y es lo que te hablaba antes de las modas, también tienen su lado oscuro, y cada moda conlleva también impostura y apariencias con poco contenido, y la verdad es que es muy ridículo y muy patético. Una cosa es que yo retrate el alma hipster en esas coordenadas, y otra cosa es que se me clasifique a mí como hipster que más bien soy “moda Caritas” [Risas.] Me gasto muy poco dinero en ropa porque priorizo otras cosas en mi vida, y no me considero para nada hipster, aunque sí hay cosas que me llaman la atención. Por ejemplo, los tatuajes, pero es que yo también soy tatuadora y durante un tiempo vinculé mucho esas dos esferas. Pero sí, mis personajes suelen ser modernitos.

 Irene Mala

Bueno, pero la mirada, como te decía, no es precisamente complaciente en el tratamiento a esos personajes modernitos, haciéndolos pasar por las peores experiencias posibles.
Sí [Se ríe.] Claro. Es que luego hay cosas de estética de imagen personal e indumentaria que a mí me pueden encantar, pero que luego son verdaderamente ridículas. Por ejemplo, hay cuadro que habla de eso, “Tengo pájaros en la cabeza”, que es una mujer con un gallo en la cabeza. Esa mujer, además del gallo, lleva un peinado que si eres muy muy guapa te queda muy bien, pero si no lo eres estás ridícula. Y sí, me gusta hacer personajes ridículos, porque las modas a veces son ridículas, y nosotros con ellas. Y está muy bien reírse de uno mismo.

 Antes has dicho que eras tatuadora y que esa dimensión ha convivido con tu pintura. También eres cantaora de flamenco y eso se ha visto relacionado con tu obra. Has sido una persona con un fuerte activismo social y unos marcados valores éticos que también se han relacionado con tu obra. De alguna forma, para analizar tu obra es muy difícil separar las dimensiones de la Irene Mala pintora e ilustradora de todas las demás.
Y eso ha sido muy duro tanto a nivel personal como a nivel artístico porque el espíritu este renacentista de querer hacerlo todo a veces ha llegado a consumirme. La video-creación me apasiona, me encanta. La música también, yo soy una cantante frustrada, que, además, canta bien. Pero llegó un punto en mi vida en el que yo misma tuve que parar y, viendo que no tenía todo el tiempo que me hubiera gustado, decidí que si quería destacar tenía que centrarme en algo. Me costó llegar a esta conclusión. Quizá, si hubiera llegado a los 23 años, hubiera sido mejor. Pero se llega cuando se llega, y tuve que optar por la pintura, después de estar dos años aprendiendo a cantar flamenco, y dos años peleando entre si soy cantaora o pintora. Si tuviera muchísimo tiempo, me dedicaría a hacer más cosas.

 Pero esa interacción o conflicto no se ha dado sólo entre dos esferas artísticas, sino que también dimensiones de tu vida privada y tus anhelos se han convertido en tu obra, como el deseo de maternidad. De ahí surgió el Proyecto Cola de Conejo, un proyecto multidisciplinar al que daba marco, podríamos decir, una performance que duro meses. ¿Qué recuerdas de aquello?
Pues yo creo que Proyecto Cola de Conejo es mi obra estrella por excelencia porque toca muchos campos. Es una obra conceptual que se trata de seleccionar a un hombre para tener un hijo, e integra performance, instalación, collage, el diario de la artista, la pintura… ¡La escultura! Porque el resultado final del proyecto iba a ser un Escultura Transito-Evolutiva. Y después, lo más interesante fue también la interacción del público porque muchas de las acciones del proyecto eran participativas: fiestas, encuentros, intervenciones en el espacio… Era una obra muy completa y, sobre todo, divertida. Ideándola lo pasé muy bien, y desarrollándola también, porque, por ejemplo, todas las experiencias las recogía en un diario a partir de collages en el que empleaba técnicas dadaístas. Yo quisiera publicar el diario.

 Bueno, casi todo el proyecto merece un catálogo.
Sí. Pero bueno, ahí está… ya veremos.

 Irene Mala

Dentro de la ilustración, ¿qué nombres son tus puntos de referencia?
Bueno, pues para mí esto es una cruz, es un deseo porque mi objetivo es… Rogier van der Weyden [Se ríe.] Estoy enamorada… ¡Es verdad! Mis miras son la pintura gótica y los artista flamencos ¡Yo quiero pintar como ellos! Hace años que quiero hacer eso, lo que pasa es lo que te hablaba antes de mi impaciencia y, claro, me quedan años para llegar a eso. No me parece sensato siquiera plantearme llegar a ese nivel, además no estamos en esa estética, y yo intento acoplar mi trabajo a la época que me ha tocado vivir, pero ese tratamiento de la anatomía… ¡Me encanta! Es una belleza que me sobrecoge. Hace un año vi a van der Weyden en el Prado y podría haber sido feliz si me hubiera quedado allí.

 De hecho, ahora que lo dices, yo nunca lo hubiera pensado, pero es cierto que los rasgos físicos de tus figuras han comenzado a “flamenquizarse”.
De hecho es mi pretensión, yo desearía poder se una pintora flamenca.

 Bueno, lo que desde luego sí eres es una artista flamenca es en la video-creación.
Bueno, la serie de Flamenco desexpresionado surgió de una forma muy casual, de hecho, yo los llamo vídeos caseros a los de esa serie, porque surgen de la idea tan simple como la de querer grabarme vídeos en casa. Y de la prueba se me ocurrió la idea de crear unos personajes que interpretaban un palo flamenco, pero que en su indumentaria se contradijeran. Trabajaba con esa paradoja. La base de la serie es que son todos enmascarados en un arte donde la cara del cantaor o cantaora de flamenco es el rasgo de máxima expresividad de lo que se está cantando, del quejiío musical y de su sentir. Al estar todos enmascarados -un nazareno cantando unas alegrías,o una sadomasoquista cantando una caña- pues jugaba también con esos contrastes de sentido. Y eso lo grabé porque me apetecía, sin más pretensión que la de aprender, y creo que de todo lo que he hecho es lo que más se ha movido. Estuvo seleccionado en la Bienal de Arte Contemporáneo que se celebraba en el CAAC aquí en Sevilla, y estuvo luego expuesto en el CAAC, ha estado en el CCCB de Barcelona, en el Festival LOOP, estuvo en el Festival de Flamenco de Jerez, han formado parte de una tesis doctoral… Han recorrido muchísimo, y surgió de querer experimentar.

 Irene, ¿cuáles son los retos que a día de hoy tienes para poder crear?
El tiempo sobre todo, y la energía, aunque energía puedo sacar de debajo de las piedras, pero tiempo no tengo apenas. Y para organizarme, idear proyectos, sacarlos adelante, hace falta tiempo y es lo que más hecho en falta. Y ahora que soy madre, pues mi tiempo he de compatibilizarlo con mi hijo. Pero lo he asumido y lo vivo con bastante naturalidad y calma, porque no hay otra alternativa.

 

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