EVA DEL FRAILE FIZ, “He vencido el miedo trabajando”

EVA DEL FRAILE FIZ, “He vencido el miedo trabajando”

por Daniel López Gracía

 

        Eva del Fraile Fiz, artista nacida en Valladolid en el año 1977, se ha convertido en una de las imprescindibles de la escena del arte que se produce y proyecta desde Andalucía. Residente en Sevilla, ciudad donde se licenció en su Facultad de Bellas Artes, su obra se ha expuesto internacionalmente y ha sido galardonada con diversos premios tanto nacionales como internacionales, entre ellos el Primer Accesit del Focus-Abengoa. En esta entrevista intentamos desgranar la encrucijada en la que se encuentra su obra, un trabajo que tiene como objetivos la belleza y la alegría, y que intenta sobreponerse a la adversidad a través de la pintura para que podamos salir airosos del mundo.

Eva del Fraile Fiz
Let's play!- Lucky

        Eva, para introducirnos en tu obra como artista, me gustaría comenzar conociendo cuál es el primer contacto que tienes con la pintura. 
        Pues el primero contacto con la pintura es de cuando iba con mi padre a pintar al campo. Pero no, espera. Tengo otro de antes, de la guardería. Recuerdo que estaba en la guardería dibujando y llegó un compañero que me rayó el dibujo. Entonces, yo como contestación comencé también a rayar el suyo, y empezamos los dos una guerra en la que uno rayaba con lápices de colores el dibujo del otro. Recuerdo que luego incluso nos castigaron de la que montamos entre los dos. Eso es lo primero que recuerdo, ese dibujo en la guardaría, algo que haces sin ninguna conciencia más allá del recuerdo de la batalla de colores. Pero luego, mi padre, que pintaba acuarelas y además es arquitecto, me llevaba al campo cuando salía a pintar, y como a mi padre le gustaba cómo iba trabajando, la relación que estaba estableciendo con la pintura, al mismo tiempo me animaba a que siguiera. Hasta que llegó un momento en el que empecé a tomar cierta libertad y a él, de alguna forma, le alarmaban las barbaridades que iba haciendo en el dibujo y la pintura, aunque siempre creo que se ha alarmado un poco porque, ya una vez aquí en Sevilla tras la facultad, recuerdo a mi padre diciéndome “¡qué has dejado el color!” o “¿pero dónde vas a llegar con las niñas deformes?” [Se ríe.] Recuerdo que fue entonces cuando me dieron el Primer Accesit del Premio Focus-Abengoa, y cuando se lo comuniqué me dijo “Seguro que te lo dieron con el Bellocino”, otro cuadro que había pintado durante aquella época, y le dije: “No, me lo dieron con la niña deforme”. Y recuerdo que eso, por ejemplo, sirvió para comenzar una comunicación entre lo que yo hacía y su idea de la pintura.

        Te he preguntado por los orígenes de tu impulso hacia la pintura, ¿pero con qué obra sientes que lo que pintas o dibujas puede llegar a convertirse en un objeto de deseo para otros?
        Cuando terminé la facultad, aquí en Sevilla, regresé a Valladolid y cogí un estudio. En ese estudio sólo trabajaba y trabajaba, no iba produciendo obra. Considero que todo lo que allí hice, realmente, seguía formando parte de mi formación. Cuando sales de la facultad no tienes ni idea de cuál es tu cauce, es un proceso muy lento. Una cosa es que tengas una predisposición y otra muy distinta es desarrollarla. Tuve que regresar de nuevo a Sevilla tras 8 años en Valladolid, con toda esa base de investigación y trabajo previo en el estudio de Valladolid, para que fuera posible el que realizara la serie de obras que forman Cuentos rescatados de un olvido inconsciente, con las que sí me identifico de una forma diferente a lo anterior, que tienen un deseo de comunicar al público particular. Todo lo que había hecho hasta entonces lo considero parte de mi trabajo pero de una forma muy diferente, aunque, si te soy sincera, nunca he pensado cosas como: “ésta es la obra que me va a encumbrar”. Tiendo a pensar más bien que la persona que se llama a sí misma artista es la persona que se dedica al arte sin más en sus diferentes ciclos. Uno es tan artista cuando trabaja para sí como cuando trabaja para exponer, y todo lo que produce es parte de su obra, es el rastro que deja de todo ese esfuerzo.

Eva del Fraile Fiz

Something happened in the forest II

      Tienes razón en lo que planteas, pero supongo que también hay un momento en el que crees que puedes obtener beneficio económico de tu actividad creativa. 
      Hombre, sí. Hay algún cuadro con el que he pensado que sí, que seguro que iba a interesar hasta el punto de que alguien lo comprara. Por ejemplo, eso me pasó con Descanse en paz, que, además, es un cuadro que conectaba mucho conmigo. Mi amigo el artista Sergio Cruz me decía, “cómo se nota, Eva, cuando haces las cosas desde las entrañas”. Y realmente esa serie de obras que forman Cuentos… me salieron desde las entrañas, como decía Sergio. En esta serie la verdad es que me divertí mucho mientras veía que los cuadros salían de algún lugar muy profundo desde dentro de mí. Luego otra cosa es que los vendas [Se ríe.] Sobre todo si que quiero dejar claro que yo trabajo para mí satisfacción ante todo. Obviamente, si luego lo vendes, mejor. Pero la que tiene que ir evolucionando por dónde yo quiero y en relación a las cosas que yo quiero, soy yo. Sí que es verdad que tienes que pensar en que tienes que hablar al público, que va a haber alguien delante de ti. A mí cuando me ponen un lienzo en blanco y me sueltan una tesis pienso: “¿por qué no habrá escrito una tesis en vez de pintar un cuadro?”. Creo que la historia es la de siempre en el fondo, la de saber transmitir y comunicar a través de lo que pintas.

        Entonces, podría decir que en tu obra se encuentra implícito el deseo de comunicación con los demás. 
        Sí, eso sí que es cierto porque antes de la serie de Cuentos… trabajaba de una forma más automática, una fase que yo misma veía que era mucho más personal. Estoy hablando de la obra de cuando estaba en Valladolid, en el estudio que te comentaba, donde veía cómo producía muchísimo pero que algo me faltaba. Y esta carencia ya no era un vacío nivel pictórico, sino a nivel de cómo mirar la realidad o mi interior, y cómo organizar a partir de esa mirada un proyecto. Al regresar a Sevilla, es cuando empiezo a plantearme la finalidad de la obra, el para qué, y he ido aprendiendo poco a poco que la obra de un artista no es para ti. Obviamente, cuando creas tienes tus codificaciones, cosas que presentas en lo que haces y posiblemente sólo tengan sentido para ti, pero en el caso de Cuentos… ¿quién no conoce estos cuentos que son universales? De alguna forma, utilizo ese cauce que es común con el público, por el que la gente se puede adentrar en mi obra y entenderla, eso sí, ya cada uno a su manera. Obviamente, ahí sí tengo ya presente a un público.

        Por lo que narras, Eva, se podría decir que tu carrera como artista se caracteriza por un continuo proceso de aprendizaje. 
        Exacto, es así. Yo he ido aprendiendo con el tiempo. En ese momento en el que llegué a Sevilla, tuve la suerte de tener a mi lado a Felipe Ortega-Regalado y a Cristina Galeote que me han ayudado y me han enseñado mucho. Por ejemplo, recuero de Felipe mientras hacía la serie ¿Hay alguien ahí?, me decía: “Tú haz más, no te quedes sólo en cinco piezas”. Entonces vas aprendiendo que debes tener, además, una constancia.

Eva del Fraile Fiz

        A lo largo de las diferentes series que componen el conjunto de tu obra se pueden reconocer algunos elementos comunes. ¿Qué corrientes o estilos identificas tú en ella?
        El artista que me abrió los ojos fue Mark Ryden. Me encanta, aunque obviamente él es en una historia y yo otra. Pero si es evidente que me encuentro identificada con él en ese gusto por lo elaborado a la hora de trabajar. Al principio, es cierto que yo misma me encontraba en lucha. En la primera etapa, mi obra es muy figurativa, con unos colores diferentes, no está tan trabajada como lo que hago ahora. Por una parte, me gustó mucho hacerla porque era constante creatividad, partía de cero y evolucionaba de una manera muy automática, jugando mucho. Por otra, de repente hacía cosas en un tono más realista. Me di cuenta entonces que lo que me apetecía era combinar el realismo y la imaginación. El realismo me acababa cansando y, de alguna forma, la imaginación impulsaba mi creatividad hacia nuevos lugares. Así que me lancé a la búsqueda de algo en lo que me sintiera cómoda y pudiera fusionarlo.

        Antes de lanzarnos hacia esa obra de la que hablas, me gustaría que charlásemos sobre tus primeras pinturas. Esa primera etapa que comentas, que la componen las series Entornos o Diario de recuerdos, están caracterizadas por un tono autobiográfico. ¿Hasta qué punto se encuentra lo autobiográfico en esta obra?
        Diario de recuerdos parte de una experiencia muy personal, sin cuidar el dibujo porque no me interesaba. Quería trabajar el dibujo desde el recuerdo, y pensando en ese momento que dibujaba sólo sobre el momento recordado. Y esa es la razón por la que el dibujo está muy poco elaborado. De hecho, algunos de los dibujos de Diario de recuerdos intenté rehacerlos de una forma más elaborada, y me di cuenta de que perdían la expresividad. Luego, Entornos fue como una obra de rescate. Trata sobre el pueblo de mi marido donde cada vez hay más vías de tren alrededor que están asfixiando al pueblo y más gente huye de allí. La situación del pueblo, que esos entornos se vayan perdiendo, es algo que me conmovió, y encima el resultado, además, a nivel urbano es horrible. En esa serie empecé a rescatar cosas que dentro de nada se van a perder, y me interesaba la comunicación entro lo urbano que estaba entrando y lo rural que desaparece. En ese sentido, sí creo que son dos series que tienen un sesgo autobiográfico.

        Sí que es cierto que la técnica es muy diferente entre esas dos series y el resto de tu obra, cuesta ver la continuidad. 
        Claro. Lo que me pasa, y es lo que hablaba con Felipe Ortega-Regalado, que puede ser una virtud o una putada, es que soy muy versátil, me gusta hacer las cosas cada una en su estilo, y Felipe me decía que intentara proyectar lo que quería para mi público y lo que creaba para mí, que esa creación más intima me la quedara para mí. Pero sí que es verdad que son diferentes pulsiones, a veces me apetece entretenerme mucho y otras veces me apetece liberarme.

Eva del Fraile Fiz
Negocio clandestino

        Más allá de la técnica o lo autobiográfico, otra diferencia entre estas dos series y el resto de tu obra posterior es que tu mirada ya no se dirige tanto hacia tu entorno como hacia tu interior. Tu obra a partir de Cuentos… parece que trata de indagar dentro de ti misma. 
        Sí, desde luego. Cuando me surgió la historia de querer combinar el tema creativo con el realismo y esa elaboración de la figura, es cuando empecé a girar en mi pintura. Cuando me vine para Sevilla quería un cambio, necesitaba aprender otro tipo de cosas. Pero yo seguía con la historia de Valladolid, sufría un atasco que me traía amargada. Y Cristina Galeote fue la que me dijo que me fuera con Felipe Ortega-Regalado e hiciera una arte-terapia, que me podía venir muy bien, mientras yo lloraba y le preguntaba a Cristina si creía que eso podría funcionar [Se ríe.] Y ella me decía que sí, que ya vería. Entonces, empecé con Felipe, y al hablar con Felipe fui desgranando, fui verbalizando, y me fui dando cuenta de cosas a las que empezaba a encontrar explicación. Y ahí es donde surgió el cuento de Caperucita roja, y con Caperucita roja apareció mi necesidad por el cambio, de ahí el hecho de regresar a Sevilla y la necesidad de otra cosa. Así que empecé con Caperucita acordándome de las terapias con Felipe, volviendo hacia a mí, dándome cuenta de que quería hablar sobre mí, hablar sobre la necesidad de dejar de ser complaciente. Fue como una forma de responder a la práctica artística de la que vinía con un “no me da la gana” y de revelarme frente a un principio de autoridad en la pintura que me tenía amargada. De ahí salió el cuadro y toda la serie de Cuentos…, de una necesidad de expulsar, de echar hacia el exterior toda esa angustia creativa interior. Y fue curioso, porque junto a ese deseo, de alguna forma, iba pintando todo lo que quería que pasara. De ahí que intentara ponerle nombre al proceso creativo, y al intentarlo pensaba que no era una pintura talismánica porque no es mágica. Encontré la palabra apotropaico, que viene a significar la pulsión hacia cosas que quieres que sucedan. Y empecé a enfocarlo en los cuentos, a tratar de cambiar la situación que tenía con esa autoridad en la pintura, o por lo menos tratar reconciliarme con ella, a la vez que me dirigía hacia otras cosas.

        Algo inevitable en esa serie es pensar en la infancia. De alguna forma, tu visión sobre el tema no es para nada idílica. Más bien combina cierta belleza con lo traumático y perverso. 
        Claro, porque la visión de la infancia es desde un punto de vista adulto, de la necesidad de reparar ciertos aspectos. De hecho, todo partió de una Caperucita, y a partir de ella fue como pensé que el propio trabajo de creación podría suponer un trabajo de sanación al mismo tiempo, e ir curando y deseando esa curación a otras personas. Todos los cuadros de esa serie tienen su historia en ese sentido: Quien ríe el último es la idea de la sumisión; Juicio y prejuicio habla sobre la necesidad creada en los niños de ser perfecto, y yo quise cambiar la historia, me parecía terrible eso de que Pinocho sólo se convirtiera en niño de carne y hueso si iba al colegio y se portaba bien, esa necesidad de ser como figurines, cuando sabes que eso te paraliza y te bloquea.

Eva del Fraile Fiz
Juicio y prejuicio

        En ese sentido, te sirves del uso de los símbolos, casi en aspecto freudiano, para retratar esas pulsiones en contra de los modelos y la autoridad. 
        Claro, tiro mucho de la simbología. Y sí, es todo muy freudiano [Se rie.] De ahí, el carácter dual de mi obra, pues en ella esta presente tanto una simbología universal como otra personal. Por ejemplo, en Descanse en paz la niña, cuando mata al lobo, está comiéndose un huesito, y eso son cosas que tienen una simbología muy personal que quizá la gente no se dé cuenta. Intenté, también, no desnudarme tanto, recuerdo que Felipe me decía que en el momento que te desnudas te vuelves mucho más vulnerable, y de ahí la codificación de ciertas cosas.

        En Paradis Circus sigues hablando de miedos pero ya no mirando hacia ti, sino que buscas en otros interiores ajenos. 
        La de Cuentos… parte del miedo, del miedo que me paralizó, que es cuando me tuve que ir con Felipe y crearlo todo desde ese punto para sanarme de él. El tema de Paradis Circus lo empecé por el encargo de una exposición en la galería Félix Gómez y pensé que igual que me estaba curando yo podría intentar que se curaran otros amigos. Y me interesé por los miedos que tenían mis amigos para sanarlos también, les pregunté por sus miedos para la creación de esta serie de obras con ese sentido antropaico o talismánico para que les fuera bien. Y yo estas cosas es que me las creo, pero no como una creencia o una fe, sino como una forma de trabajo. Creo que he vencido mis el trabajando.

       Sin embargo, tu última serie de cuadros Let’s play, aunque mantienes el pulso en cuanto al estilo y el tono, los objetivos cambian radicalmente. 
        Sí, Let’s play es mi nuevo proyecto. En este proyecto quiero jugar, trabajar con muñecos y sumergirme en sus formas, colores y texturas de una manera positiva. Me gustaría positivizar y recargar al público a través del poder de la imagen. Existen estudios sobre esto, en los que si tu ves imágenes positivas, ellas te recargarán y te darán energía de una manera positiva . Eso es lo que me gustaría intentar y conseguir a través de mis creaciones.

Eva del Fraile Fiz

        ¿Y cómo surge esta nueva serie?
        Al estar con mi hija, me fijo mucho en cómo funciona y empiezo a recordar cosas de cuando era pequeña. Y una de las cosas, que todavía mis hermanos se ríen de mí, es que para mí mis muñecos eran sagrados, hasta el punto de que cuando discutía con ellos, mis hermanos me amenazaban con lo que le iban a hacer a mis muñecos, y a mí aquello me desolaba. Se me iba la vida en ello, para mí esos muñecos era como si fueran de verdad. Por otro lado, me sentía un poco cansada la inercia que a veces tiene la imagen en su deriva hacia el lado más oscuro de la vida. Entonces, pensé en la posibilidad de positivizar la imagen, como te comentaba, a partir de ver una conferencia de Fidel Delgado. Además, en relación a esto, en algunos talleres de Juan Lacomba una de las cosas con las que subrayaba era que si tú realmente querías cambiar algo, tenías que construir. También me gustaba eso de encarar el cambio desde lo constructivo y no desde lo destructivo, no sólo quedarse en la crítica sino ir más allá en la intención de arreglar.

        Desde luego, es cierto que es difícil encontrar humor o una mirada más alegre en los museos y espacios expositivos. 
        Incluso yo, a veces, cuando voy a museos me aburro, siento la necesidad de algo más fresco, con menos carga dramática o conceptualista, y no hay cabida para otras cosas. Y por ejemplo, curiosamente, espacios alternativos, por ejemplo de Sevilla, están haciendo acopio de todo eso. Realmente, eso es con lo que yo me divierto cuando lo veo. Es como la música. No todo es jazz o rock, hay electrónica, clásica, pop, tradicional… en la pintura también debe haber de todo.

        Sí es cierto que es una pintura más amable, pero también tiene un punto de nostalgia que sobrecoge un poco. 
        Bueno, te cuento que el tema de los peluches me llovió del suelo. Cuando empecé a trabajar tras la serie de los cuentos, pensé en seguir esa línea con Los viajes de Gulliver. Además, pasaba mucho tiempo con mi hija y la observaba. Coincidió entonces con la estancia en Lituania, y allí seguía con la idea de seguir creando mundos porque quería seguir inventando y tal. Me apetecía mucho trabajar con juguetes, reconocí entonces que aquello era una parte de mí. Y sí, tiene de alguna forma una mirada hacia esa época de la infancia, y claro, puede producir cierta nostalgia ese mirara hacia atrás.

        ¿Y cómo surgen entonces los juguetes en Lituania?
        Pues estando allí, me propuse el buscar algún juguete, yo soy muy de sorpresas, y pensé que lo encontraría en el parque, y una vez con él ya lo ampliaría e interactuaría con él, crearía un mundo entre el juguete y el entorno, creando como nuevos mundos. Pero no encontré nada, y de camino al estudio en vez de encontrarme el juguete en el parque con el que quería interactuar, por el camino me encontré unas cajas de peluches hasta arriba, de casualidad. Y la verdad es que ese hallazgo me vino muy bien porque eran de una diversidad de colores increíbles, y cuando quieres positivizar esa ruptura con el color de la época anterior con la que me había reconciliado me venía muy bien. Era una forma de decir, “y ahora alegría”.

Eva del Fraile Fiz
Let's play!-Friends

        ¿Y desde qué coordenadas estilísticas has planteado Let’s play?
        Pues pensé realizarla desde un realismo que dialogará con la ilustración, aunque, como ya te digo, surgió de una estancia corta en Lituania, y en diez días tenía que tener resuelto lo que iba a hacer y, además, hacer dos obras, una de ellas la debía dejar allí. Así que tampoco pude plantearme grandes creatividades que me hubieran tomado más tiempo. Una vez aquí, he seguido estudiando, por ejemplo, las texturas, la mezcla de combinaciones de brillo con pelo y purpurina, y me está pareciendo interesante, porque ahora estoy trabajando con esto pero, a partir de aquí, puedo desarrollar otras cosas.

        Sin duda, es intención de hacer feliz a los demás a través del arte, y de la forma en al que tú te lo estás planteando, no es algo muy común entre lo que se ve en museos y galerías. 
        Eso es porque también me gusta provocar. A veces me hace gracia la seriedad de los museos, y es cuando me digo, “¿a ver quién se atreve a colgar un cuadro de peluches en este momento?”. Cuando expuse en Lituania, que fue la primera vez que se expuso esta serie, observaba como la gente que iba con niños, a los niños les encantaba. Y caí en la cuenta en que a los niños no se les tenía en cuenta a nivel artístico, y la cultura empieza desde abajo. Y mucho menos en los museos, ni siquiera los cuadros están a una altura adecuada para que los pueda disfrutar un niño. Y ya no digo que estén así siempre, pero sí cuando van a realizar alguna actividad con niños debería existir la posibilidad de que el cuadro se pusiera a su altura y no tener a los niños mirándolos hacia arriba tan mal. Creo que hay mucha rigidez en los museos, y por eso me reía y sentía que hasta cierto punto provocaba cuando pensaba quién iba a querer poner un cuadro con un peluche en un museo [Se ríe.]

        Eva, tú llevas pintando casi 20 años. Después de ese tiempo de trabajo, ¿cuáles son las dificultades que tienes para que tu obra se mueva?
        La dificultad que tengo es que en muchas ocasiones produzco obra compuesta por no muchas piezas, y como venda alguna de ellas, se me queda coja y ya no puedo enviarla a ningún sitio. Son procesos tan lentos de trabajo y de elaboración que me cuesta sacar obra. Encima más ahora, desde que soy madre, quiero decir. Luego, realmente, aquí en Sevilla a la hora de exponer la obra creo que hay unos prejuicios muy estúpidos. Por eso apuesto más por los sitios alternativos, combinándolos con otros espacios más tradicionales o consolidados, llámalos como quieras, como Félix Gómez. Y es verdad que, en mi caso, tampoco me he dirigido a otras, pero sí es cierto que me ha impuesto siempre esa especie de lógica que te encuentras en algunos lugares de aquí, que para entrar en ellos, has de ir de la mano de alguien.

        ¿Y cuáles son los retos que te encuentras en estos momentos como creadora?
        Pues sobre todo la conciliación de la vida laboral, la creación y la familiar. La creación artística, o al menos en mi caso, necesita mucho de parar, estar solo, pensar… Estar con tu soledad, y a veces la cantidad de tareas que se van acumulando en la vida diaria suponen un ruido que no te deja llevar una constancia necesaria para hacer las cosas de manera más tranquila. Eso sí, cuando me quedo sola, si es cierto que me viene muy bien e intento aprovechar el tiempo al máximo para que me vengan cosas a la cabeza desde la calma. A veces es tanto ruido lo que tenemos a nuestro alrededor que no te das cuenta de nada.

Eva del Fraile Fiz

Visitar la obra de Eva en nuestra Galería online