FELIPE ORTEGA REGALADO: EL ARTE PROTECTOR

FELIPE ORTEGA REGALADO: EL ARTE PROTECTOR

por Daniel López García

        Conozco a Felipe primero como dibujante, como imaginero de grandes proezas gráficas, poemas sin palabras. Pre-escritura. Estas son algunas de las palabras que el también artista, Guillermo Martín Bermejo, utiliza para presentarnos en el prólogo de este libro la poesía de Felipe Ortega Regalado. Y quizá, así sea como la mayoría conozcamos la obra de este artista, primero como dibujante, luego como poeta. Pero, ¿tiene la poesía un cauce de expresión propio?; ¿Han de ser las palabras su vehículo para mostrarse?; ¿Hasta qué punto es necesario y funcional separar al pintor del poeta, la pintura de la poesía, la naturaleza de la creación?; ¿Existe alguna ley natural por la que el artista haya de desarrollar su pulsión creativa a través de un único cauce?. La respuesta a todo ello es tan compleja como simple: Felipe Ortega Regalado. 
        Buenas noticias anuncia la llegada de la belleza, de la misma forma que lo hace el conjunto de la obra de este artista, y en ese sentido, Felipe nunca engaña. Pero el artista sí nos advierte, nos previene, desde su primer poema, el pórtico de entrada a esta obra:

Buenas noticias.
No eres lo que te han contado. 
Siento decírtelo. 
Pero no eres menos que todo eso.

      Cuando te pares.

Felipe Ortega-Regalado

        La concepción del arte en la obra de Felipe viene a ser como el escudo de Perseo frente a la Medusa. La belleza para Felipe lo es un sentido casi borgiano: enfrentarse a su verdad puede dejarnos ciegos. Por eso el artista acude al artificio, a la creación de artefactos que se sostengan por su pretensión de mostrar lo bello al espectador, y ahora también al lector. La audacia y la grandeza de Felipe se encuentran acaso en que el artista no pretende maquillar su sentido con ese intento, sino que nos llama para que estemos atentos, y está empeñado en anunciarnos que la belleza perturba y contagia, y crece de una manera caótica y descontrolada como de si una enfermedad se tratase. Y entonces, es cuando Felipe con si creación trata de salvaguardar armonizándola, porque nos quiere conscientes, sin llegar a complacernos frente a su hermosura. Felipe quiere ser para sernos a nosotros bellos, pero nunca posesos de una idea. 
        Ahora yo vuelvo al otro poeta, Martín Bermejo, cuando dialoga con Felipe y le exhorta: ¡Llévanos Felipe a tu bosque a jugar al escondite, guíanos por tus caminos de tierra mojada! ¡Acarícianos y pon tus manos en nuestra cintura y cantemos bajo los atardeceres de las laderas más hermosas por ti dibujadas! Porque Felipe es el artista que como un demiurgo utiliza su creación como un escudo protector frente al mundo. “La verdad no es posible enfrentarla sin cedazo”, parece decirnos, “toma estos poemas y estos dibujos y acércate a ella, enfrenta al caos con esta armonía y, quizá al menos, serás consciente de lo que te rodea”. Porque, como plantea en su: <<La poesía que intento / es conciencia y destello>>.
        Considero de justicia no cesar en el anhelo de apuntar la vinculación de la obra de Felipe con la naturaleza porque en su canto se encuentra nuestra memoria. Nos dice el poeta en uno de sus versos <<Un bosque es todo a la vez>>; nos previene en otros de otros poemas <<Deja de dividir al Todo que eres, / y reconcíliate / desde la gratitud / que recompone>>.
        Con su alabanza a la naturaleza Felipe nos llama a la reflexión sobre las coordenadas en torno a las que establecemos nuestro actual devenir: seres desmemoriados que ya no sólo hacemos invisible parte de nuestra condición, sino que la observamos desde la arrogancia y el orgullo de sentirnos seres individuales y absolutos. Por eso, Felipe canta que la unidad no está en el ser sino en el bosque que es y conecta todo a la vez; y por eso anuncia que:

Cuando seas capaz 
de no ver tu historia 
en aquello que miras, 
        verás.

Felipe Ortega-Regalado

        Pero Felipe no es sólo el artífice de un escudo de formas y estructuras armónicas que nos permite acercarnos a la perturbación de lo bello sin dejarnos ciegos. Felipe -quizá movido por esa reflexión del ser, de la limitada experiencia del individuo, de su actual atomización y su deseo de enfrentarlo a una conciencia que lo desborda y a la que pertenece- crea un camino de ida y vuelta que va de lo complejo a la sencillez, para luego devolver nuestro pensamiento a la complejidad de la que hemos huido por sobrevalorar el deseo de ser únicos y divisibles.
        En ese sentido, en su poesía Felipe transita por el difícil tema del tiempo, al igual que lo ha hecho en su obra plástica (en algunos de sus poemas está el referente de su serie de plisados). Frente a la consideración de la sucesión del tiempo como una línea cronológica plana y continua, el artista propone una idea del este concepto basado en la superposición de planos, de dobleces y de estratos que nos componen. Porque el tiempo no es tu desarrollo como átomo en una línea que avanza; el tiempo es la acumulación genética de generación tras generación, la filtración de lo otro sobre uno mismo, como un pañuelo que se dobla en un cajón contiene en cada doblez los aromas de quienes lo poseyeron, o una foto en el bolsillo muestra en cada grieta la fractura de quienes la observaron. 
        Su poesía, y quiero decir ya el conjunto de la obra de Felipe Ortega Regalado, es una invitación a ser besados y abrazados, a que nos dejemos hacer cosquillas, a alzarnos como a un bebé, como muestras de que en la sencillez de estas acciones se encuentra lo más necesario para poder celebrar la vida con todo lo que esta significa.

 Felipe Ortega-Regalado