FELIPE ORTEGA-REGALADO, Con mi obra quiero aportar conocimiento

FELIPE ORTEGA-REGALADO, Con mi obra quiero aportar conocimiento

por Daniel López García         

Felipe Ortega-Regalado

  Asistir al estudio de un artista debería ser siempre un acto de generosidad, y no lo digo pensando sólo en el creador que va a enseñar su obra y se dispone a ofrecernos lo mejor de ella. En este caso, pienso en mí como la persona que visita y que, en un acto de desprendimiento, debo dejar atrás el lastre de las ideas previamente establecidas sobre la vida y obra del artista, para ofrecerme a la experiencia que supone el encuentro con su medio básico de creación. Esto que cuento, lo aprendo gracias a Felipe Ortega-Regalado.
  Desde que llegamos, Felipe nos pasea por las diferentes habitaciones de su ecosistema creativo de la calle Albareda hasta llegar a una habitación repleta de sus obras apiladas en el suelo y colgadas en sus muros. Una vez allí, nos sitúa frente a un armario lleno de cajones que comienza a abrir uno tras otro, mostrándonos una infinidad de piezas donde la técnica empleada en cada una de ellas indica las diversas colecciones a las que pertenecen.
  Esto es lo ultimísimo, estoy muy contento. Éste es de hoy. Además, las pongo en sitios inverosímiles. A veces, pienso estas piezas como si se tratara de una cirugía.
  Felipe nos está enseñando diferentes obras de su nueva colección titulada “Plisados”, obras de pequeño formato donde la tinta negra dibuja sobre un papel de bambú japonés, formas fácilmente asociables a ese universo microscópico que evoca a una naturaleza tan invisible como desconocida a la que su obra ha apuntado en otras ocasiones.

 Felipe Ortega-Regalado¿Y cómo es el proceso de creación de estás obras? ¿Pintas con el papel desplegado o una vez realizados los pliegues?
  Pues un poco de todo. Empiezo con el dibujo sin plegar el papel, después lo pliego y a veces intervengo en el plegado. Después lo plancho y salen esas manchas tan interesantes a posta, claro. Esto, por ejemplo, es almidón.

  Tras las palabras de Felipe, la metáfora del mundo de lo natural se me antoja aún más necesaria. Mientras me cuenta el nacimiento de esas piezas, las imagino como seres con vida propia, como si el dibujo, frente a la adversidad a la que es sometido el delicado papel, luchara por manifestarse adaptándose al medio.

¿Y esto lo estás trabajando para algún proyecto?
  No ahora mismo no tengo nada que yo recuerde. Pero tampoco me hagas mucho caso, estoy un poco desmemoriado.

  Propongo comenzar la entrevista, aunque la entrevista empezó hace ya muchos minutos, y Felipe me hace una advertencia.
  Yo soy muy charlatán. Es que soy muy pesado. Soy como una portera.

  Y no sabe cuánto voy a agradecer que lo sea, porque, aunque sí es cierto que habla sin mesura, lo que dice no es sinónimo de palabrería. Más bien es una muestra de la generosidad de la que al principio les hablaba, y también de la honestidad con la que se enfrenta una vida y obra indisolubles, y que tras esta experiencia con Ortega-Regalado, dudo de su valor si se encuentran separadas.

  Llegados a este punto decido que lo mejor será que me olvide de todo lo preparado, y que la mejor forma de responder al altruismo con el que Felipe nos trata, es dejarme llevar y conocer todo lo que de él nos quiera contar. Le pregunto sobre su memoria pictórica, cuándo comienza.
  No hay un inicio, se diluye en la línea de tiempo. Sí tengo recuerdos. Y recuerdo, que cuando era muy pequeño estaba todo el día en el campo porque vivía en él, de hecho yo soy un animal de campo, y como no tenía papel allí, lo único que tenía era una bicicleta, lo que hacía era pintar en pizarras. Soy de Cáceres y allí hay muchas pizarras, entonces con una pizarra pequeña, que yo utilizaba como lápiz, pintaba sobre una pizarra más grande. Luego regalaba esas pizarritas a mi madre, a mis hermanas, a mis primos. Pero en ese momento no pensaba que eso fuera nada importante. De hecho, ahora que lo pienso, tengo hasta un texto pequeño que habla de eso, de la necesidad que el artista tiene, más que de expresarse, de comunicar. Pero no comunicar una idea, sino de comunicar un estado de ánimo. Y esto parece que es muy expresionista pero no lo es. Y creo que esa comunicación gira siempre en torno al amor. Cuando alguien hace un regalo es porque está teniendo afecto con esa persona. Entonces, de chico sí tengo esa idea de hacer cosas muy rupestres, literalmente, y regalarlas a mis seres queridos como un acto de afecto. Y lo sigo haciendo. A la gente que viene al estudio, al final siempre les digo toma llévatelo. Es algo que no puedo evitar. Me riñen mucho porque regalo mucho, pero sí, no lo puedo evitar.

  La facultad para la creación en Felipe está tan ligada a su propia naturaleza como su obra a una pulsión primaria. Por la incapacidad (e inutilidad) de preguntar dónde comienza el hombre y cuándo el creador, sí me interesa saber cuál es la obra con la que toma conciencia de su carrera desde una dimensión profesional.
  Eso sí lo recuerdo, muy claramente además. En el 2002 ó 2003 gano el Premio Pepe Espaliú con un vídeo. Creo que nunca he hecho un vídeo tan bonito, sin saber además que yo estaba haciendo arte, en el sentido de lo que se ha venido llamando luego arte digital. Me regalaron mi hermana y mi cuñado una cámara de vídeo que yo no sabía cómo funcionaba. Pero sí sabía cómo se hacían fotos con ella, y me puse a saltar mientras me hacía fotos. Me llevé toda la tarde saltando para formar lo que fue el recorrido de la película, en cada foto parecía que estaba volando. Luego, me fui al ordenador, y en vez de capturar para montar, me puse a grabar las fotos una detrás de otra. Muy fuerte la cosa. Cuando ya supe editar, edité todo el material, y la gente me decía pero qué filtros has cogido, y yo pensaba si te cuento cómo lo he hecho te puedes morir de la risa. En ese sentido era como una artesanía digital y salió un vídeo súper bonito. Cuando lo vi, pensé Dios mío, lo que se puede decir con nada, y supe que era una obra. Además es una de mis obras más importantes para mí. Si hubiese hecho sólo esa obra, ya me hubiera dado por satisfecho porque está todo lo que yo quiero, y además se hizo de una manera muy juguetona, sin ninguna pretensión. La única pretensión fue explorar y jugar con los elementos.

Felipe Ortega-Regalado  Entonces, ¿podríamos decir que con el premio tomas conciencia tanto de la obra como de ti mismo como artista?
  Ahí es donde me di cuenta de que yo quería ser artista. Llevaba haciendo arte muchísimo tiempo. En la escuela de artes de Cáceres entro a los 15 años y allí hago cerámica cinco años. Hago escultura otros dos años y luego hago dibujo. Luego, aquí en Sevilla, hice Bellas Artes y me especialicé en pintura, durante cinco años. Cuando termino hago el doctorado y escribo la tesina, me falta la tesis que al final he decidido no hacer, por ahora. Llevaba formándome y creando desde hacía mucho tiempo, y de repente fue como si un día me levantara y dijera soy artista, y recuerdo que mi pareja me dijo pues claro, y yo le contesté que no, que en ese momento lo sabía, había adquirido algún tipo de conciencia.

  A partir de entonces, Felipe ha esbozado una carrera marcada por lo multidisciplinar de su obra –sus cauces de expresión han ido de la pintura a la poesía, pasando por el dibujo, el vídeo o la fotografía-, que ha sido expuesta tanto dentro como fuera de nuestro país.

  ¿Cómo describirías tu trayectoria, Felipe? ¿Qué te ha motivado el saltar de unos cauces a otros?
  Podría inventarme algo como respuesta pero no lo voy a hacer. Yo soy muy intuitivo. Y no sé si estoy acertando o no, Dani. Además, no lo quiero saber porque estaría mintiéndome a mí mismo. Me considero una persona pura en ese sentido, hago lo que siento y digo lo que siento también, siempre, y me siento esclavo de esa honestidad. A mí no me gusta ser como soy en ese sentido, me gustaría ser mucho más refinado, saber silenciarme en algunos sentidos, pero no lo consigo. Estoy en la aceptación de lo que soy.

  ¿A qué te refieres con ser más refinado?
  Pues que muchas veces meto la pata porque soy demasiado honesto y muy sincero en la relación que mantengo yo mismo con mi obra. Muchas veces me he cargado cosas hablando con críticos porque soy un deslenguado. Si hubiera sido más silencioso y más discreto, me hubiera ido mejor.

  Pienso entonces que la honestidad de la que me habla Felipe es una honestidad entendida en su grado absoluto, que pasa por alto los beneficios y las rentas de lo políticamente correcto, a favor de la creencia y la firmeza hacia unas ideas y una manera de entender su obra. Y eso me lleva a querer entrar en la obra en sí, conocerla de primera mano, acceder a ella a través del discurso de los creadores. Su hermana, tal y como el propio Felipe la define, la artista Sandra Carvalho, se encuentra con nosotros y le pido que me defina la trayectoria y la obra del artista.
  Es muy completa porque ha tocado muchas cosas. Y todo lo que toca, por lo menos a mí, me parece que lo hace con mucho respeto y con mucho gusto. Y mucho amor. A lo que añade Felipe es que los artistas debemos tener respeto y amor por nuestra obra y hacer cosas por ella para que las personas la conozcan.

  Ya situados en la obra de Felipe, le comento que desde la visión que yo tengo de su obra, intuyo una especial relación con la naturaleza y que de hecho así lo he visto señalado en algunos lugares. Le pregunto al artista cómo es su relación con la naturaleza. Felipe Ortega-Regalado
  Estrambótica. Muy sexual. Es que creo que no existe nada más sexual que un paisaje. Yo estoy frente a la naturaleza y me entran ganas de desnudarme, de comerme las flores, de follarme la tierra, y es literal. No es que lo vaya a hacer, porque no soy ningún desarrapado, ni ningún obseso sexual. Pero lo que yo siento en el cuerpo es sexo. No pornografía, sino ganas tocar, ganas de comer, ganar de chupar todo. Muy sensual, para mí la naturaleza es algo muy físico.

  Siguiendo con su obra comento que desde que comenzamos a charlar, el juego, la dimensión lúdica en el acto de creación artística, ha estado muy presente. Se divierte mucho, expresa Sandra Carvalho
  Siempre. Yo si no me divierto no quiero hacer nada. Nada en la vida. Y eso que soy muy disciplinado. Es como el deporte. Es un deber mío. Yo dibujo todos los días, trabajo todos los días, me apetezca o no, pero para mí eso es un disfrute, como el deportista que corre que, aunque sude y lo veas fatal, sigue. Hay una pulsión ahí que me obliga, entrecomillas, a trabajar un montón. Me obliga a leer, a informarme, estar pendiente y, sobre todo, practicar. Y te puedo decir que para mí no hay otra cosa en la vida. Yo todo lo baso en mi obra. Además, yo me comprometí con ella.

  Llegados a este punto, conmigo totalmente entregado a su obra, quiero ir más allá. Le hablo sobre lo ornamental, también sobradamente señalado en ella, y de qué forma he entendido yo ese apelativo en sus piezas, como un compromiso con el amor por lo bello, como un impulso por introducir la belleza en la vida de las personas. 
  Vale, ahora dime tú qué es el arte fuera del concepto y de las modernidades y las posmodernidades. Para mí uno de los grandes maestros es Pérez Villalta, y él siempre está hablando del artificio como algo humano y exclusivamente humano. Sólo el humano hace artificio. Lo bello por lo bello, por la simple razón de que es bello.

  Asiento lo que me dice pero le comento que, como él mismo indica, corrientes y movimientos de los últimos cien años han planteado otros derroteros y han llenado de otros significados el arte, y que, sin embargo, frente a estos movimientos artísticos, la obra de Ortega-Regalado reivindica ese espacio de lo artístico del que parecía haber sido expulsado.
  Sí, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, pero lo que pasa es que no ha sido posible arrebatarle eso. Es como la muerte de la pintura. Tampoco fue posible porque es una huella indeleble, una pulsión del ser humano que está tan arraigada que no puede eliminarse. Pero lo has definido muy bien tú, pero ese espacio, por supuesto, se reivindica en mi obra y, por supuesto, pervive en el arte.


  A partir de ahora, ya desde el centro de su trabajo, cifro mi interés en situarlo en el contexto cultural desde el que el artista produce, la ciudad de Sevilla. Le comento, y le advierto que es más una impresión personal que un hecho constatado, que percibo que hoy en día se presta mucha atención hacia lo nuevo, lo actual y lo emergente, y que esto, en la mayoría de casos, va acompañado de una pérdida de memoria hacia obras y artistas de gran valor que ni siquiera están distantes en el tiempo.

  ¿Cuál es tu impresión del panorama actual en la esfera de las artes plásticas y cuáles son los problemas que destacarías?
Felipe Ortega-Regalado  Creo que hoy en día, las personas tenemos mucho ego y buscamos impactos. No queremos pararnos a degustar las cosas, y eso no me lo estoy inventando yo. No hay más que echar un vistazo a las redes sociales, comenzar a bajar el cursor que parece tener un poder hipnótico, y darte cuenta que vas buscando el impacto. Eso evita totalmente la parada de descanso para recrearte en algo que te guste. Lo más que dura esa parada es cliquear un me gusta y seguir hacia delante. ¡Y lo mismo es una mierda! Pero como igual tiene muchos me gusta, tú te apuntas. Yo creo, sinceramente, que en ese sentido estamos entrando en una secuencia un poco absurda. El arte necesita tiempo para el deleite. A mí cuando la gente me dice es que tienes muchos me gusta, yo, y de verdad te lo digo, no le doy valor a eso, me dan ganas de anular eso, aunque tampoco sé si existe la forma de hacerlo. Yo ya tengo un ego muy grande, pero no por los otros, yo me alimento de mí mismo, no necesito abuela. Sé que lo que lo que hago es bueno y, de verdad, no me hace falta que nadie me lo diga. Y lo que hago, lo hago con todo el gusto del mundo y para compartirlo. Yo intento dar lo mejor que tengo a la gente. Pero volviendo al tema por el que me preguntas del impacto, parece que lo que llama la atención a la gente es lo esperpéntico, o algo así que no se entienda pero que no digo que entiendo por no sentirme fuera del círculo. En definitiva el espectáculo. Como la Abramovic ¡La cola que ha formado! Pues qué quieres que te diga, la performance no la inventó ella, y eso que últimamente expone, no es performance, es un show. Y al final la gente acaba por no entender lo que es la performance, lo que es el arte conceptual, porque la gente no sabe o no ha leído, y luego el artista en vez de aclarar, confunde. Estamos desmemoriados porque vamos al impacto de la imagen.

  Le comento que es una de las cosas que más me sorprende, cómo artistas jóvenes hablan de la performance o conceptos como el absurdo o lo conceptual como si estuvieran descubriendo algo nuevo, cuando son lenguajes e ideas que preexisten al propio artista, han sido muy discutidas y sus derroteros sobradamente transitados. 
  Exactamente. A veces creo que lo que resume todo esto es que a la gente no le interesa aprender, porque el saber invita a una peligrosidad, y eso significa que tú modifiques algún criterio. Entonces, para poder saber, tú tienes que vaciarte de cosas, y la gente no quiere dejar de ser lo que es. Además, que el no vaciarse plantea un camino mucho más rápido que tiene que ver con todo esto de lo que hablamos.

  Mi esfuerzo ahora se centra en aplicar este contexto del que hablamos a la obra de Felipe Ortega-Regalado. Le comento que mi visión de su trayectoria está marcada por la solidez y la honestidad con unos criterios a la hora de crear, por haber seguido profundizando más allá de las modas y los medios. Le pregunto por la dificultad que supongo debe entrañar en ese entorno, comercial y fugaz, que estamos comentando.
  Y súper hostil. Pero creo que nuestro trabajo es de largo recorrido. Y hay altibajos, por supuesto, pero yo llevo viviendo de mi obra casi veinte años ya, que se dice pronto. Y no me va bien, porque solo logro mantenerme. Hay un goteo, a veces es un chorro momentáneo, y después vuelve otro goteo. Pero es cierto que yo nunca desaparezco. Aprendes a bandearte en esa precariedad del alambre, del equilibrio, y vas entendiendo que es así. Nosotros [se refiere a Sandra Carvalho y a él] no somos emergentes, tenemos ya cuarenta años. Y ahora mismo pueden ser unos diez o quince los que están en el candelero, porque tienen unos críticos que les apoyan, porque también son jóvenes. Es como si fuera una pelota de nieve que se va generando. Pero esa pelota de nieve llegará un momento en que se encuentre en una nueva primavera y se disuelva, porque habrá otra pelota de nieve que estará emergiendo. Entonces, cuando esta gente de treinta y tantos tenga cuarenta y tantos van a desaparecer como yo. A desaparecer del mapa popular me refiero. Y después, hay una criba. No todo el mundo mantiene el tesón y la perseverancia de trabajar constantemente, y la honestidad con lo que ha entendido que debe ser y hacia dónde debe apuntar su obra que es, como bien has dicho, lo que caracteriza tanto la obra de Sandra como la mía. Nuestra obra es una obra muy particular y, también, muy arriesgada, que parece que no está diciendo nada nuevo.

  Felipe me habla del apoyo de los críticos, y me interesa saber cuál ha sido su relación con la crítica local, cómo funciona ésta como dinamizadora del tejido artístico de la ciudad de Sevilla.
  La verdad es que eso yo no te lo puedo decir porque, sinceramente, a mí me han hecho en veinte años de carrera sólo un par de críticas. Y te soy sincero, pero es que aquí no vienen críticos. Aquí entramos ya en mi tema que es la mediación del arte está podrida. No hay mediación del arte. De mí podrán decir lo que quieran pero se lo van a inventar, porque conmigo no ha hablado nadie. Tú ya sí puedes tener una calidad para hablar de Felipe y de su obra, pero eres de los pocos. Aquí habrán venido dos o tres galeristas y otros dos críticos como mucho. Y yo creo que ese es un trabajo que se tiene que hacer guste o no guste la obra de los artistas. Conocer la obra es fundamental, es tan claro como que si no tocas la obra no puedes hablar de ella. Y es muy fácil de entenderlo.

Felipe Ortega-Regalado

  Tras narrarme el desolador trato recibido por parte de la crítica, me dirijo a que me cuente su visión en la mediación en el arte. Le comento que uno de los mayores problemas que observo hoy, es la dificultad para que el arte se abra a un público más diverso, que eduque a las personas sobre la importancia del disfrute y el goce estético más allá de unos pocos. 
  Claro es que es una élite. Es un engranaje y mecanismo muy sofisticado. Cuando ya juntamos el mundo de la crítica, con el mundo del comercio, con el mundo de las galerías, el resultado es terrible, y eso no es el arte. Eso son ramas pequeñas del arte, no es el tronco. Los artistas estamos en la raíz, muy ocultos y haciendo un trabajo muy humilde. El trabajo de Sandra y mío no son esculturas de ocho metros, no somos grafiteros de murales enormes, no somos artistas con gafas de pasta y flequillo engominado, no somos modernos vistiendo. Somos bastante normales que tomamos cervezas con los amigos y no somos asiduos a los saraos artísticos para dar el cante. Creo que no somos ni siquiera divertidos. No tenemos nada para ser artistas de hoy. Pero somos artistas, les guste o no. Además, somos competencia, competencia sensible, y eso yo lo sé, y mucha gente no nos llama porque damos el do de pecho. Y esto puede quedar muy engreído, pero lo pienso así. La calidad de Sandra, por ejemplo, es muy grande y no es comparable a cualquier cosa que se haga ahora en esta ciudad. Y ya no hablo ni de bueno ni de malo, hablo de verdad, de cosas de verdad. Lo que observo es que hay maneras de pintar y que, de repente, todo el mundo pinta parecido a esa forma. Que está bien porque se crean lo paralelismos y los movimientos, yo no estoy renegando de eso, pero hay mucha gente que se amputa porque quiere subirse a ese carro. Eso es lo que me parece denigrante incluso para la misma persona. Es necesario que se sepa qué se está haciendo, como es necesario que se sepa qué se hizo, pero todo eso te tiene que llevar a saber lo que tú quieres hacer.

  Para finalizar, y disfrutando de la honestidad y la sinceridad que me regala, le pregunto por nombres concretos, por el trabajo de artistas que, afectados o no, por ese perverso engranaje en el que nos hemos empeñado en encerrar al arte, merecería la pena hacer llegar a todas las personas.
  Pues la propia obra de Sandra. Tú pones una obra de Sandra al lado de una de José Carlos Naranjo, que es un pintor maravilloso, y compiten. Y él está triunfando, pero ella no se presenta a nada. No es que no gane, es que no se presenta a nada. Pero aparte, cómo va a ganar con sus piezas si es que no lo van a entender, si lo que quieren es otra cosa. Y no es que su obra esté mal. José Miguel Pereñíguez, por ejemplo, no se presenta casi nunca a concurso alguno, y es un genio. Es una cabeza portentosa. Tiene una obra abierta, es atemporal y esa obra va a ser buena siempre. Nosotros perseguimos esa atmósfera, pero no como una persecución mental llevada a la estrategia, no, sino que estamos en esa idea. Como Rubén Guerrero, es súper moderno pero siempre va a ser bueno. No es una pintura que sea buena solo ahora. Es que hay mucha pintura que es buena solo ahora. Yo no quiero que mi obra sea buena solo ahora, yo quiero con mi obra aportar conocimiento, aportar belleza, aportar al grueso del arte, no aportar sólo al día de hoy.